La cadera, por su posición central y por conectar la base (miembros inferiores) con la columna, es la piedra angular de la postura. La mayoría de los desequilibrios en la postura son debidos a una incorrecta posición de la cadera.

Zazen se caracteriza por tener una base estable, bien enraizada, que permite al sistema de tensores mantener la columna alineada al eje vertical y en equilibrio. Su posición en el espacio es fundamental para poder ubicar el centro de gravedad de la estructura. Cuando el centro de gravedad, que generalmente coincide con el kikaitandem, se aproxima al centro de la base triangular, formada por las rodillas y el cóccix, la columna puede mantenerse derecha y en equilibrio con un mínimo de tensión muscular (tensión justa). Para esto la altura del zafu es muy importante y también el estado de flexibilidad y tono de los músculos, tendones y ligamentos  (componentes que tensan), que permitirá bascular la pelvis hacia delante. De esta forma el perineo y los huesos isquiones pueden  apoyar correctamente contra el almohadón y las rodillas pueden anclarse y presionar el suelo (componentes que comprimen). Estas características de tensegridad le confieren a la postura de zazen fuerza, equilibrio, autosustentasión y flexibilidad. Por lo que puede mantenerse inmóvil y en equilibrio por más tiempo.

La articulación de la rodilla es una trocleartrosis que une el fémur a la tibia y la rótula. Es un punto importante en la estructura de la postura ya que forman la base, junto con la cadera y el cóccix. Es frecuente en los largos períodos de práctica (sesshin) el dolor de rodillas. Esta articulación es completamente dependiente de la cadera y el tobillo, y presenta una zona especialmente sensible ubicada en su cara interna. Por ahí pasan los canales del bazo, hígado y riñón y por eso es fácil que presente bloqueos. Durante zazen deben apoyar firmemente contra el suelo, para eso las posturas de loto o si no de medio loto son lo indicado.

En el lado interno de la rodilla se encuentra la llamada “pata de ganso”. Se llama así a la inserción de tres tendones de músculos: el semitendinoso, el sartorio y el recto interno, que al insertarse en la tibia pasan por la rodilla y tiene una forma que asemeja a la pata de  un ave, esta zona es muy sensible a los desequilibrios. Esta cubierta de tendones, ligamentos y posee una cápsula con líquido sinovial, por esta razón se puede inflamar cuando la rodilla trabaja mal, esto produce un acortamiento o retracción del tejido  (tendinitis), acumulación de líquido (hinchazón), más dolor y el ciclo se retroalimenta, hasta que se corrige el defecto postural o se cura el órgano enfermo, que generalmente coinciden.