Las manos forman el “mudra cósmico”. Hokkai join (que significa unirse). Cuando se pone la mano izquierda sobre la derecha con las almas hacia arriba, los pulgares, bien rectos, se tocan ligeramente uno con otro (como si estuviesen sosteniendo una delicada hoja). Las manos deben formar un óvalo hermoso.

Hay que mantener este mudra universal cuidadosamente, como si guardáramos algo muy precioso en las manos. El canto de las manos debe acercarse al cuerpo, con los pulgares aproximadamente a la altura de la región umbilical. Como si quisiéramos sostener una gran piedra preciosa contra el bajo vientre. Si las manos caen o se deslizan hacia delante la postura tiende a encorvarse y el espíritu se dispersa con más facilidad. Esta tensión justa de las manos, favorece el estiramiento de la columna y la relajación de los hombros. Los brazos deben permanecer sueltos y relajados, ligeramente separados del cuerpo, contribuyendo al balance de la postura y al flujo equilibrado de energía. Las manos tienen una gran representación en la corteza cerebral, de manera que lo que estas hagan y las formas que adopten influye directamente en la conciencia, y al mismo tiempo reflejan el estado de espíritu del practicante.