Cuando la cabeza está en su posición justa genera una influencia profunda en la conciencia y en la postura del cuerpo (ya que son unidad). Cuando la cima del cráneo (Bai hui), el polo norte, se alinea correctamente con el perineo (Hui jin), el polo sur, es más fácil armonizarse con la energía (chi) del cielo y de la tierra. El flujo de sangre y energía se activa a lo largo de la columna vertebral.

La individualidad se funde con la universalidad. El ser humano y el orden cósmico se  vuelven uno. La condición normal es el equilibrio. La condición especial es un  desequilibrio. En el equilibrio las fuerzas, las tendencias, se cancelan, ninguna predomina.  En la naturaleza todo tiende al equilibrio, esto se llama homeostasis. Incluso el estar torcidos o caerse, es parte de la búsqueda de ese  equilibrio. El centro de gravedad se  desplaza y la estructura lo sigue ajustándose a la nueva situación.  La cabeza derecha, las orejas alineadas con los hombros, la nariz con el ombligo, la nuca  recta. Mentón ligeramente entrado, la lengua en contacto con el paladar.  Estas son coordenadas espaciales que permiten tomar la correcta postura, alineándola con el  eje vertical y con el plano frontal y horizontal. Así se sintoniza la conciencia individual con la conciencia universal.  Es como cuando orientamos una antena y la sintonizamos, de repente empezamos a captar y a emitir con más facilidad. El ruido y las interferencias se transforman en potencia y  claridad. Así se optimiza el flujo de energía y se facilita la concentración.