Durante zazen, los ojos se encuentran semi abiertos y la mirada se posa 45º hacia el suelo, sin fijar la vista en nada. En realidad la mirada está vuelta hacia el interior pero sin estar cortados del exterior. Esto disminuye la actividad del córtex frontal (particularmente el izquierdo). Este reposo de la vía óptica produce efectos en el equilibrio de la postura, ya que al recibirse menos información desde el exterior, para equilibrar la postura el sistema de equilibrio lo hace con la información interna (propiocepción), esto permite acceder a nueva información y a estimular el cerebro profundo, sede de la intuición y del instinto.

Al reposar el cortéx, que habitualmente consume muchos recursos de sangre y energía, estos pueden redirigirse a otras áreas del cerebro. La base de la alimentación de las neuronas corticales es el oxígeno (90%) y la glucosa, (esto muestra el alto nivel metabólico que implican los procesos concientes). Lo podemos ver también en las caóticas y aceleradas ondas tipo beta de los procesos más  superficiales. La posición de los ojos y la mirada, influye directamente en la conciencia y en la capacidad de concentración.